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Piedras preciosas

Y hay personas que tal vez por el vicio capital de la avaricia desean tener, cargarse de muchas de estas piedras preciosas y de ricos metales. Y como decía la ya antigua canción de, “todos queremos más”: el que tiene un duro quiere tener dos… el de los cuarenta busca los cincuenta, y el de los cincuenta quiere tener cien.

Mala cosa es la avaricia, es un gusano que roe, tanto el corazón del rico como el del pobre; y mientras los hombres sólo piensen en enriquecerse más y más, como si esta vida fuera la definitiva, es imposible que haya en el mundo paz.

Escribió Benavente, en su libro De Sobremesa: “yo no sé si continuará siendo más fácil que entre un camello por el ojo de una aguja, que un rico en el reino de los cielos; pero un camello cargado de dinero entra por todas las partes.”

Es verdad que con las riquezas se pueden lograr muchas cosas buenas y positivas. Ya que en toda sociedad bien organizada ha de haber la abundancia de bienes materiales que son necesarios para la práctica de la virtud, según Santo Tomás de Aquino. Pero las riquezas tienen también su lado negativo. Escribió Alphonse Karr: “las joyas más preciadas de las mujeres, collares, pulseras, sortijas, tienen la forma de un anillo, y son en realidad, anillos, eslabones de una cadena cuyo extremo está en la mano del diablo.”

Existe el diablo, lo dice bien claro la Biblia, y Jesucristo. Y desde la rebeldía, de este ángel contra Dios creador, parece centrarse su existencia en odiar a Dios y tentar a las personas a través del engaño, la mentira y la confusión. Engaña a las personas haciéndoles creer que la felicidad se encuentra en las riquezas, en el poder, en la concupiscencia carnal…  Y tal como está el mundo, vemos que a más de una persona el diablo lo tiene bien cogido, ¿eh?