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La fuerza de las tradiciones populares

Evangelio del día

Existe toda una corriente que nos quiere vender (a veces incluso imponer) las ventajas de un modelo de vida, marcado por ciertas conductas y hábitos, que no tienen nada que ver con las tradiciones de nuestro país.

En el mundo político, cultural y mediático esta versión globalitas y uniforme de la vida y de nuestro comportamiento es aceptada como algo inevitable. En realidad, la están promoviendo.

Sin embargo, hay algo más profundo que los “gurús” de la opinión pública mundial parecen olvidar o, al menos, se les escapa de las manos. Me refiero a la fuerza de las tradiciones populares.

Durante décadas se ha venido realizando un trabajo de zapa, en determinados ambientes,

menospreciando las tradiciones populares. España es rica en tradiciones populares y siguen estando más vivas que nunca. Contamos muy amplia gama de tradiciones, desde religiosas  a meramente populares, culturales o, ¿cómo no?, gastronómicas.

Cada ciudad, cada pueblo, cada rincón de nuestra geografía cuenta con un acervo cultural y una riqueza de costumbres que es el orgullo de sus habitantes y la identidad de su localidad.

Podemos disfrutar de romerías, fiestas patronales, bailes típicos, competiciones y deportes particulares y, por supuesto, un sinfín de celebraciones marianas y santos locales. Y en cada celebración, toros, cohetes y gastronomía propia.

Una fabada asturiana, un cocido madrileño, un pulpo a la gallega o una paella valencia son algunos de los aspectos culturales que definen la idiosincrasia de nuestros pueblos Las fiestas del Pilar, de San Isidro, el Rocío, las Fallas de Valencia, los Sanfermines son, entre otras muchas, algunas de las celebraciones que han marcado profundamente las costumbres de nuestras gentes.

Esta riqueza y diversidad de nuestras costumbres modela, al mismo tiempo, la forma de ser, el temperamento e, incluso la opinión de los habitantes de cada región. En definitiva, forma el ADN de sus gentes.

A día de hoy, en pleno siglo XXI, estas tradiciones están más vivas que nunca, a pesar de que en algunos laboratorios de la política pretendan ignorarlas. Ciertos responsables de sondeos de comportamientos sociológicos deberían pisar un poco más la calle y escuchar lo que la gente comenta en los bares.