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Éste es el heredero: venid, lo mataremos

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: 
- Escuchad otra parábola: 
Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. 
Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. 
Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: «Tendrán respeto a mi hijo». 
Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: «Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia». 
Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. 
Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores? 
Le contestaron: 
- Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos. 
Y Jesús les dice: 
- ¿No habéis leído nunca en la Escritura: «La piedra que deshecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente»? 
Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos. 
Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos. 
Y, aunque buscaban echarle mano, temieron a la gente, que lo tenía por profeta.

Comentario del Papa Francisco

Por último les mandó a su hijo “Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito” (Jn 3,16). Al escuchar estas palabras, dirijamos la mirada de nuestro corazón a Jesús Crucificado y sintamos que Dios nos ama, nos ama. Esta es la expresión que resume todo el Evangelio, toda la fe, toda la teología: Dios nos ama con amor gratuito y sin medida.