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Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Recibid el Espíritu Santo

Evangelio del día

Lectura 1
Salmo
Sal 86, 1-3. 4-5. 6-7

R. ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!

Él la ha cimentado sobre el monte santo:
y el Señor prefiere las puertas de Sión
a todas las moradas de Jacob.
¡Qué pregón tan glorioso para ti,
ciudad de Dios!

«Contaré a Egipto y a Babilonia
entre mis fieles;
filisteos, tirios y etíopes
han nacido allí».
Se dirá de Sión: «Uno por uno
todos han nacido en ella:
el Altísimo en persona la ha fundado».

El Señor escribirá en el registro de los pueblos:
«Éste ha nacido allí».
Y cantarán mientras danzan:
«Todas mis fuentes están en ti».

Evangelio
Ahí tienes a tu madre
Lectura del santo Evangelio según San Juan 19,25-30

Estaba junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y a su lado al discípulo que tanto quería, dijo a su madre:
- Mujer, ahí tienes a tu hijo.
Luego dijo al discípulo:
- Ahí tienes a tu madre.
Y desde esa hora, el discípulo la recibió en su casa.
Con eso, viendo que todo estaba hecho, para que se cumpliera la Escritura, dijo:
- Tengo sed.
Había un recipiente lleno de vinagre. Atando una esponja, empapada en el vinagre, a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando probó el vinagre, dijo:
- Está cumplido.
E inclinando la cabeza, entregó su alma.

Comentario del Papa Francisco
En los Evangelios cada vez que se habla de María se habla de la "Madre de Jesús". Aunque en la Anunciación no se dice la palabra "madre", el contexto es de maternidad; la Madre de Jesús, esta actitud de madre acompaña su obra durante toda la vida de Jesús; es Madre. Al final, Jesús la da como madre a los suyos, en la persona de Juan: "Yo me voy, pero esta es vuestra Madre". Las palabras de la  Virgen son palabras de madre. Todas: desde las del principio, de disponibilidad a la voluntad de Dios y de alabanza a Dios en el Magníficat, todas las palabras de la Virgen son palabras de madre. Antes, en Nazaret, lo hace crecer, lo cría, lo educa, pero después lo sigue: "He ahí a tu Madre". Desde el momento de la anunciación hasta el final, ella es Madre. No se dice "la señora" o "la viuda de José" sino que siempre María "es Madre". Los padres de la Iglesia han entendido bien esto: la maternidad de María no termina en ella; va más allá. Dicen que María es Madre, la Iglesia es madre y tu alma es madre: hay femenino en la Iglesia, que es maternal. La Iglesia es femenina porque es "Iglesia", "esposa": es femenina y es madre, da a luz. Los Padres de la Iglesia van más allá y dicen: "También tu alma es esposa de Cristo y  adre". Lo importante es que la Iglesia sea mujer, que tenga esta actitud de esposa y de madre. Cuando olvidamos esto, es una Iglesia masculina sin esta dimensión, y tristemente se convierte en una Iglesia de solterones, que viven en este aislamiento, incapaces de amor, incapaces de fecundidad. Curioso es el lenguaje de María en los Evangelios: cuando habla al hijo, es para decirle cosas que los demás necesitan; y cuando habla al Hijo, es para decirle cosas que los demás necesitan; y cuando habla a los demás, es para decirles: "Haced todo lo que Él os diga".