
Señor Jesús, hoy me acerco a Ti en silencio, con el corazón abierto, como quien llega a Betania buscando vida. Tú conoces nuestras casas, nuestros caminos, nuestros dolores escondidos. Sabes también de nuestras pérdidas, de aquello que parece ya sellado con piedra, de aquello que creemos definitivamente terminado. Señor, como Marta y María de Betania, también nosotros te decimos hoy: “Señor, si hubieras estado aquí…” Cuántas veces pronunciamos esas palabras cuando la vida duele, cuando la esperanza parece tardar, cuando sentimos que llegas demasiado tarde. Pero Tú, Señor, no llegas tarde. Tú entras en nuestras historias cuando todo parece terminado, cuando la piedra ya está puesta, cuando el corazón empieza a acostumbrarse a la oscuridad del sepulcro. Tú te acercas, miras nuestro dolor y también lloras. Porque eres el Dios que no permanece lejos del sufrimiento, el Dios que se conmueve, el Dios que comparte nuestras lágrimas. Señor Jesús, enséñanos a escuchar hoy tu voz como la escuchó Lázaro en lo más profundo de la muerte. Una voz que atraviesa el silencio, que rompe la oscuridad, que llama por nuestro nombre:¡Sal fuera!” Sal fuera de tus miedos. Sal fuera de tu desesperanza. Sal fuera de todo aquello que te mantiene atado. Porque Tú eres la Resurrección y la Vida.Señor,muchas veces vivimos envueltos en vendas: vendas de tristeza, vendas de rutina, vendas de incredulidad. Hoy te pedimos: haz rodar la piedra de nuestro corazón. Danos la gracia de creer que tu Palabra tiene poder sobre la muerte, que tu amor es más fuerte que la desesperanza, que la vida que Tú das no puede ser encerrada en ningún sepulcro. Señor Jesús, cuando nos llames, danos valentía para salir. Y cuando otros salgan de sus tumbas interiores, haznos capaces de cumplir tu mandato: “Desatadlo y dejadlo andar.” Que sepamos liberar, acompañar, sostener, y creer en la vida que Tú haces renacer. Porque Tú, Señor, sigues llamando a la vida en medio de nuestra historia. Y eneste camino de Cuaresma, haz crecer en nosotros la fe que un día confesó Marta: “Sí, Señor, yo creo que Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.” Amén.


