
Señor Jesús,después de recibir tu presencia viva en la Eucaristía,
nuestro corazón se recoge ante Ti.
Hoy te contemplamos en el desierto,
débil por el ayuno, pero fuerte en el amor al Padre.
Tentado, probado, llevado al límite… y, sin embargo, fiel.
También nosotros caminamos por nuestros desiertos:
donde el hambre no es solo de pan,
sino de sentido, de verdad, de esperanza.
Cuántas veces la tentación nos susurra caminos fáciles,
glorias vacías, seguridades sin Dios. [IMG_256]
Pero Tú, Señor, nos enseñas el camino:
“No solo de pan vive el hombre…”
Haznos buscar el alimento que no perece.
“No tentarás al Señor tu Dios…”
Danos un corazón humilde que confía sin exigir.
“Al Señor tu Dios adorarás…”
Libéranos de todo ídolo que ocupa tu lugar.
Señor Jesús, Tú no venciste con poder, sino con obediencia;
no con orgullo, sino con abandono en el Padre.
En esta Cuaresma, camina con nosotros,
entra en nuestros desiertos,
y transforma nuestras luchas en camino de fidelidad.
Quédate, Señor, en lo profundo del alma,
cuando todo calla y solo Tú hablas.
Fortalece nuestra fe, purifica nuestro corazón,
y haznos vivir de tu Palabra. Amén.
Sin saber cómo ni por qué,
he dicho “no” a lo que me degrada.
Me prometieron ser más feliz lejos de Ti
y, veo, que son más desdichados
los que de ti se apartaron.
Me señalaron que, con pan, vino y dulce
no tendría necesidad de más sustento
pero, con el tiempo, he aprendido
que, el dulce empalaga,
el vino embriaga demasiado
y el pan se endurece sobre la mesa
Sólo Tú, Señor, conservas la frescura
eres algo siempre nuevo
y, en tu Eucaristía, permanentemente tierno.
¿Cómo voy a dejarte, Señor?
Ayúdame, Jesús, a combatir el buen combate.
A defender mi fe y mi esperanza.
A no esconder mi rostro
cuando el enemigo me pregunte
si yo tengo algo que ver contigo
Conocerte ha merecido la pena.
Servirte es mi lucha cada día.
Y, no caer en la tentación de la debilidad,
es mi oración a Ti confiada.
Guárdame y ayúdame, Señor,
a salir victorioso de tantas dudas
que siembran en mí interior incertidumbre. Amén


