
Señor Jesús, en este domingo, subimos contigo al monte,
como Pedro, Santiago y Juan,
dejando por un momento el ruido, las prisas, las preocupaciones,
para estar contigo… y escucharte.
Hoy te contemplamos transfigurado, radiante de luz,
resplandeciente de gloria, mostrándonos quién eres realmente: el Hijo amado del Padre, el Señor de la vida, la plenitud de toda esperanza.
Señor, ilumina también nuestras oscuridades.
Transfigura nuestras tristezas, nuestras dudas, nuestros miedos,
todo aquello que nos pesa por dentro.
Padre bueno, enséñanos a escuchar a Jesús:
cuando nos habla en el Evangelio, cuando nos llama a la conversión,
cuando nos invita a cargar la cruz,cuando nos pides amar sin medida.
Que sepamos escucharlo en el silencio del corazón, en los pobres, en el sufrimiento del mundo, en nuestra vida cotidiana.
Señor Jesús, como Pedro también nosotros te decimos:
¡Qué bien se está aquí! pero Tú nos invitas a bajar del monte, a volver a la vida,
a caminar hacia Jerusalén,
a seguirte en el camino de la entrega y del amor.
Danos fuerza para la Cuaresma: fidelidad en la oración, generosidad en la caridad, valentía en la conversión.
Transfigura, Señor, nuestra vida,
para que, pasando por la cruz contigo,
lleguemos también a la luz de la Pascua.
Señor Jesús, quédate con nosotros, camina con nosotros,
y haz de nuestra vida un reflejo humilde de tu gloria. Amén.
Para que, mi rostro al igual que el tuyo
sea irradiación del Dios que vive en mí y tanto quiero,
y, descubriéndolo como mi todo y mi vida
hable de tal manera con El
que, en el monte de mi existencia,
pueda exclamar: ¡QUÉ BIEN SE ESTÁ AQUÍ!
CÁMBIAME, SEÑOR
Y, sintiéndome tocado por tu gracia
no acalle ni limite la voz que pregone tu poder
la voz que cante tus hazañas
la voz que alabe tu santidad y tu grandeza
CÁMBIAME, SEÑOR
Que cuando la prueba me asalte en el camino
sepa que, tu presencia, me acompaña,
me guía, me consuela y me empuja a seguir adelante.
Que, cuando mire al cielo, como Tú miraste
crea, escuche y me embargue
la presencia de un Dios que se fía de mí
que confía en mí y que tanto espera de mí.
CÁMBIAME, SEÑOR
Siendo testigo de tu Reino
de que, otro mundo, todavía es posible
porque, Tú Jesús, eres el enviado,
el Ungido, el preferido, el amado.
Aquel que es capaz, por su obediencia,
de cambiar a toda la humanidad.


