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Sus sermones

En Camposampiero había trabajado en una celda construida entre las ramas de un nogal, donde "se entregaba a la santa contemplación", y según la crónica de Rolandino[2], "dando vueltas y más vueltas día y noche al Antiguo Testamento y al Nuevo, preparaba cosas útiles para todo el pueblo cristiano". Estos sermones habrían sido escritos para el clero, expresando la necesidad de una reforma de la Iglesia, para la que habría encontrado una respuesta válida en San Francisco y su movimiento; por tanto, la inquietud personal de San Antonio en ese sentido sería uno de los motivos de su aceptación del franciscanismo.

Los Sermones festivos los preparó, entre el otoño de 1230 y su muerte en junio de 1231, a petición del Obispo de Ostia, Rainaldo de Jenne; los compuso después de haber participado en el Capítulo de Asís en 1230, donde fue exonerado del ministerio provincial y recibió del Ministro general "completa libertad para dedicarse a la predicación".

Importancia de la oración

El objetivo prioritario de la predicación de San Antonio es transmitir al pueblo y a la Jerarquía, que “sólo un alma que reza puede realizar progresos en la vida espiritual”. Él conoce bien los defectos de la naturaleza humana, la tendencia a caer en el pecado, por eso exhorta continuamente a combatir la inclinación a la codicia, al orgullo, a la impureza, y a practicar las virtudes de la pobreza y de la generosidad, de la humildad y de la obediencia, de la castidad y de la pureza.

Su formación en la escuela de Francisco, hace que Antonio ponga siempre a Cristo en el centro de la vida y del pensamiento, de la acción y de la predicación. Este es otro rasgo típico de la teología franciscana: el cristocentrismo. De buen grado esta contempla, e invita a contemplar, los misterios del humanidad del Señor, de modo particular, el de la Navidad, que le suscitan sentimientos de amor y de gratitud hacia la bondad divina.

Benedicto XVI, refiriéndose a San Antonio (Audiencia General del 10.2.2010), decía; “Es tanta la riqueza de enseñanzas espirituales contenida en los “Sermones”, que el Venerable Papa Pío XII, en 1946, proclamó a Antonio Doctor de la Iglesia, atribuyéndole el título de “Doctor evangélico", porque de estos escritos surge la frescura y la belleza del Evangelio; aún hoy los podemos leer con gran provecho espiritual.”

Actualidad del modelo antoniano

“A principios del siglo XIII, continúa Benedicto XVI, en el contexto del renacimiento de las ciudades y del florecimiento del comercio, crecía el número de personas insensibles a las necesidades de los pobres. Por este motivo, Antonio invita muchas veces a los fieles a pensar en la verdadera riqueza, la del corazón, que haciéndoles buenos y misericordiosos, les hace acumular tesoros para el Cielo. "OH ricos – les exhorta – haceos amigos de los pobres, acogedles en vuestras casas: serán después ellos quienes os acojan en los eternos tabernáculos, donde está la belleza de la paz, la confianza de la seguridad, y la opulenta quietud de la saciedad eterna”.

“¿No es quizás esta, queridos amigos, una enseñanza muy importante también hoy, cuando la crisis financiera y los graves desequilibrios económicos empobrecen a no pocas personas y crean condiciones de miseria? En mi Encíclica Caritas in veritate recuerdo: "La economía necesita de la ética para su correcto funcionamiento, no de una ética cualquiera, sino de una ética amiga de la persona.”

Asimismo escribe Antonio: "La caridad es el alma de la fe, la hace viva; sin el amor, la fe muere.”

“También la visión del Crucificado le inspira pensamientos de reconocimiento hacia Dios y de estima por la dignidad de la persona humana, de forma que todos, creyentes y no creyentes, puedan encontrar un significado que enriquece la vida. Escribe Antonio: "Cristo, que es tu vida, está colgado ante ti, porque tú miras a la cruz como en un espejo. Allí podrás conocer cuán mortales fueron tus heridas, que ninguna medicina habría podido curar, si no la de la sangre del Hijo de Dios. Si miras bien, podrás darte cuenta de cuán grandes son tu dignidad humana y tu valor... En ningún otro lugar el hombre puede darse cuenta mejor de cuánto vale, que mirándose en el espejo de la cruz.”

“Si predicas a Jesús, Él ablanda los corazones duros; si le invocas, endulza las amargas tentaciones: si piensas en él, te ilumina el corazón; si le lees, te sacia la mente.”

(Preparado por el Consejo de Redacción de EL PAN DE LOS POBRES)

 

[1] Vita Prima o “Assidua” es el relato escrito por un franciscano anónimo en 1232, a los pocos meses de morir San Antonio

[2] Crónica de Ronaldino