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Ser agradecidos

Exaltación de la Cruz, 1605. Adam Elsheimer. Tabernáculo de Francfort, Alemania

Viene este recordatorio a cuento con la festividad de 14 de Septiembre: la Exaltación de la Santa Cruz, con la que la Iglesia quiere que recordemos que, hacia el año 320, la Emperatriz Elena de Constantinopla encontró la Vera Cruz, la cruz en que murió Nuestro Señor Jesucristo. 

La Emperatriz y su hijo Constantino hicieron construir en el sitio del descubrimiento la Basílica del Santo Sepulcro, en el que guardaron la reliquia.

Años después, el rey Cosroes II, de Persia, en el 614 invadió y conquistó Jerusalén y se llevó la Cruz, poniéndola bajo los pies de su trono como signo de su desprecio por el cristianismo. Pero en el 628 el emperador Heraclio logró derrotarlo y recuperó la Cruz y la llevó de nuevo a Jerusalén el 14 de Septiembre de ese mismo año. Para ello se realizó una ceremonia en la que la Cruz fue llevada en persona por el Emperador a través de la ciudad. Desde entonces, ese día quedó señalado en los calendarios litúrgicos como el de la Exaltación de la Vera Cruz.

Nuestra redención fruto de la Cruz

Dios quiso que su Hijo Unigénito, Jesucristo, se hiciera hombre, como nosotros, naciendo de la Virgen María, para que, sufriendo Su Pasión y Muerte en la Cruz, nos redimiera del Pecado Original y pudiéramos alcanzar la gloria eterna, en el Cielo.

Jesús dijo: "El que quiera venirse conmigo, que reniegue de sí mismo, que cargue con su cruz y me siga". Con este mensaje nos dejó claro que en esta vida íbamos a tener momentos de dolor junto a otros de felicidad.

Pero nuestro dolor, no lo perdamos de vista, contribuye a nuestra redención, ya que completa el ofrecimiento y sacrificio incruento de Nuestro Señor Jesucristo, en las misas que diariamente se celebran en el mundo entero.

Seamos agradecidos y fieles a Dios y a su Iglesia, presente en la tierra en la persona del Papa y de la Iglesia.