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Política y fe

Política y fe

La política puede servir para mejorar las condiciones de vida, eligiendo entre opciones diversas, cuya idoneidad puede ser opinable en cada circunstancia.

Hay expresiones como “nunca he sido de derechas” o “nunca he sido de izquierdas” que nos parecen insustanciales, cuando no ofensivas. Lo que puede ser interesante es tu opción actual, por supuesto circunstancial, como la más conveniente para tu país. Acerca de esa opción, podemos debatir desde diferentes puntos de vista, sobre los límites del libre mercado y el intervencionismo del Estado.

Desde un punto de vista coherente con nuestra religión, una opción política puede ser justa si respeta los derechos humanos, incluidos por supuesto el derecho a la vida y la libertad religiosa, siendo opinables los límites fiscales y el gasto público adecuados en cada circunstancia, en búsqueda del equilibrio entre las ventajas e inconvenientes de cada opción, entre los estímulos para el desarrollo y la protección de los más desfavorecidos. Por supuesto, en ningún caso cabe buscar equilibrios, ni tender puentes, entre la verdad y la mentira.

En el ámbito espiritual, la virtud no está en el medio, ni hay que buscarla como equilibrio imposible entre el bien y el mal. Las virtudes teologales, Fe, Esperanza y Caridad son positivas en sí mismas y no tienen límites.

La Fe es la mayor gracia que podemos recibir, porque nos permite saber que estamos llamados a la Vida Eterna. Hay quienes nunca tuvieron Fe, quienes la tuvieron y la perdieron y quienes la han recibido como un don precioso después de haberla perdido. Las historias de conversión son realmente útiles y positivas, porque manifiestan la alegría de quien descubre o recupera la Fe y la Esperanza en la Vida Eterna y facilitan que otros que viven en la oscuridad recapaciten sobre lo que se están perdiendo por no abrirse a la Verdad de que nuestro Creador se hizo hombre para enseñarnos el camino hacia Él “Yo soy la luz, y he venido al mundo para que todo el que crea en mí no permanezca en las tinieblas” (Jn 12,46).