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Muchos jóvenes se preguntan para que ir a Misa

Escritor
Recientemente, tuve la oportunidad de participar en una tertulia, en la que nos preguntamos acerca de la crisis de la práctica religiosa, especialmente de los jóvenes. Mi opinión es que en unos casos es por pérdida de la Fe y en otros porque muchos no aprecian la utilidad de esa práctica, quizás influidos por ese error buenista que hace creer a algunos que como Dios es infinitamente misericordioso, todo da igual. A estos dedico este breve artículo.
“Dichoso el que camina en la Ley del Señor”. Esta frase de un Salmo relaciona proféticamente la relación entre cumplir la Ley del Señor y ser feliz en esta vida y alcanzar la Vida Eterna.
En el Evangelio de San Mateo leemos que se le acercó a Jesús un joven y dijo: Maestro, ¿qué haré para obtener la Vida Eterna? y Él le dijo: “....si deseas entrar en la Vida, guarda los mandamientos”. El joven dijo: Todo esto lo he guardado; ¿qué me falta todavía? y Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, ve y vende lo que posees y da a los pobres, y tendrás tesoro en los cielos; luego ven y sígueme. 
En ese Evangelio podemos apreciar dos partes fundamentales, una la del cumplimiento de la Ley, que nos abre la puerta de la Vida Eterna y otra la del desprendimiento total de los bienes terrenales que puede significar la llamada a la perfección. No hay contraposición ni dilema alguno entre lo bueno que es cumplir y lo mejor que es dejarlo todo para seguir mejor a Cristo si te llama al sacerdocio o a la vida consagrada.
Un joven con vocación de laico católico será feliz en esta vida y en la otra, si ama a Dios y al prójimo, lo cual implica entre otras cosas santificar las fiestas, participar en la Eucaristía y escuchar en su interior a Jesús que le enseña a amar en cada momento de la misa. En cuanto consiga escuchar, oirá y será feliz, porque se sentirá amado y comprenderá que el mandamiento del amor no es sino la puerta abierta al encuentro con los demás, a la sana alegría en esta vida y a la felicidad eterna en el Cielo.