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Los cuentos de la pluralidad

Escritor

Estábamos disfrutando de una visita turística a una de las capitales europeas más castigada por el terrorismo islamista y con mayor número de inmigrantes de diversos países, cuando el guía se despachó con una serie de tópico, típicos de los medios dominantes, entre los que destacaron el canto a la pluralidad cultural  (eufemismo con el que disfrazan la destrucción de la cultura europea) y la tolerancia con la resistencia a la integración de los inmigrantes (trato amable a quienes no se quieran integrar, incluida la ocultación del rostro de las mujeres de los fundamentalistas islámicos y la exigencia de menús adaptados...), rematando su discurso con la acusación de fomentar el odio y la xenofobia a los políticos que defienden la identidad europea, nuestra cultura y nuestras libertades, empezando por esa libertad religiosa que desaparece radicalmente en las naciones dominadas por el Islam.

Aprovechando una pausa del discurso político impropio de un guía turístico, le hice ver que los cristianos no odiamos a nadie y somos generosos en la acogida a quiénes, tras una inmigración legal, quieran integrarse en nuestra sociedad, pero por encima de todo debemos preservar nuestros valores y nuestra cultura frente al peligro disolvente de una inmigración masiva a la que debería exigirse cierto compromiso de integración cultural si quieren vivir en Europa.

Siempre he considerado un privilegio vivir en Europa, por su alto nivel cultural y económico y siempre fui europeísta porque consideraba que la unión favorecía la defensa de los grandes principios y valores, derechos y libertades de nuestra civilización. Ahora, viendo  que la UE sólo defiende los intereses económicos y olvida su identidad, habrá que plantearse si nos conviene o no ese tipo de unión que, en mi opinión, es tan inconsistente como los cuentos de la pluralidad.