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Las piedras del camino

Escritor

Hoy dedico mi reflexión a combatir esa nostalgia que podría ahogar las buenas intenciones y para ello no niego la realidad de los fracasos del pasado sino que trato de valorar cuales fueron las dificultades y como podría superarlas en el futuro.

Un propósito importante, que afecta a nuestra salud moral, física y psíquica, es mantener la paz en nuestros corazones, no enfadarnos. Quienes hemos recibido el don de la Fe y la Esperanza de la Gloria, sabemos que el camino pasa por el amor al prójimo, pero caemos reiteradamente, tropezando en las mismas piedras, hasta dudar si algunos “prójimos” son insoportables o si nosotros sufrimos una intolerancia que nos impide avanzar al menor tropiezo.

Aunque es un problema clásico, cuya mejor solución siempre vendrá por la vía de la oración “perdona nuestra ofensas, como también nosotros perdonamos a quienes nos ofenden”, podemos apoyar nuestro propósito de enmienda en unas consideraciones sencillas:

- Todos, incluido cualquier prójimo, somos pequeños en comparación con el camino que debemos recorrer en nuestra vida y esa pequeñez implica debilidad, pobreza y necesidad de ayuda. Es fácil ser amable con un pequeño que necesita afecto, apoyo y comprensión y así es como son los que en cualquier momento pueden irritarnos u ofendernos. Que no son gigantes, sino molinos o menos aún, pequeñas piedras del camino.

- Si somos tolerantes y pacientes, si defendemos nuestra alegría y buen humor, si no manifestamos los pequeños brotes de intolerancia, los “pequeños prójimos” desistirán de sus malas intenciones en obstaculizar nuestro camino y quizás se animen a compartirlo, aunque solo sea como búsqueda de una felicidad mundana.

- Termino mi reflexión y este breve artículo advirtiendo contra un exceso de optimismo, pues conviene ser conscientes de que seguiremos cayendo, pero menos veces y nos levantaremos con alegría sabiendo que no tropezamos con gigantes insuperables sino con pequeñas piedras del camino.