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La vida no para, continúa

La vida no para, continúa

Una enfermedad también es causa de una perspectiva de futuro diferente; y, qué decir, de la pérdida del puesto de trabajo.

Todo esto va a influir, de alguna manera, en nuestras vidas y nos obligará a enfrentarnos a situaciones personales, que requerirán de nosotros no olvidar la realidad de nuestras vidas, dependientes de los planes de Dios, para con nosotros y nuestro entorno familiar y social.

La Navidad nos ha recordado que Jesucristo se hizo hombre, en el seno de su Madre, la Virgen María, para sufrir su pasión y muerte para redimirnos del Pecado Original. Pero, al mismo tiempo en su vida nos fue dejando testimonio de cómo debemos ser. No lo perdamos de vista.

Para conseguir ser fieles a Dios y a la Iglesia tenemos que ser conscientes de la necesidad de llevar una práctica religiosa coherente con nuestra forma de pensar y ser católicos.

El Papa y la jerarquía eclesiástica insisten, continuamente en la importancia de acudir a Misa, no sólo los domingos y fiestas de guardar; es importante que frecuentemos los sacramentos de la Confesión y Comunión. Junto a estas prácticas religiosas, no olvidemos el rezo del Rosario, si fuera posible en familia, y tantas devociones populares, que nos ayudan a estar próximos a Dios, por intermediación de la Virgen María y de los santos de nuestra devoción, entre ellos San Antonio de Padua, siempre dispuesto a interceder y ayudar a sus devotos.

Que las dificultades no nos desanimen, por el contrario que contribuyan a poner cada vez más nuestra confianza en Dios.