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Feliz Año 2020

Escritor

En la vida tenemos infinidad de momentos dichosos, por ejemplo los regalos que nos traían cuando éramos niños, o los juegos, o el matrimonio, o los hijos y nietos, o infinidad de actividades culturales, deportivas y sociales. En todos esos momentos nos alegramos y eso es bueno, porque Dios, que nos ama, nos induce a ser felices, hacer felices a los demás y buscar la felicidad eterna.

Ahora, los poderosos del mundo atemorizan a la gente con unas predicciones apocalípticas, relacionadas con la evolución climática que según ellos, afectaría a nuestros hijos, si no obedecemos sus consignas de reducir la población y reducir el consumo de materias primas. Quizás acierten los agoreros del calentamiento global, pero más acertarían si en vez de despilfarrar, invirtieran la mayor parte de los recursos que gestionan, en ayudar al tercer mundo, que es precisamente donde más sufrirían sequías y hambrunas, si se mantiene la actual tendencia climática.

Cuando rezamos la Salve, decimos que estamos en un valle de lágrimas y siempre fue así, porque en esta vida todos tenemos que pasar por muchos trances penosos, desde el parto hasta la muerte, por infinidad de dolores, disgustos y penas de diversa índole.

Seguir a Cristo también conlleva como Él mismo nos dijo, llevar nuestra cruz, la cruz de nuestras renuncias y de nuestros sufrimientos. Todos los cristianos queremos ir al Cielo y para ello nos proponemos aceptar nuestra cruz y rezar para que sea liviana y podamos disfrutar con nuestras familias y amigos de las alegrías de la vida y que en todo momento, en las alegrías y en las penas, no nos despistemos, pues lo importante nos espera después de este valle.

Ni negarse la alegría de vivir, ni la búsqueda insaciable de los placeres mundanos, son actitudes coherentes de un cristiano. Al Cielo llegaremos, pasando por unos momentos placenteros y otros dolorosos, si seguimos a Aquel que es nuestro Camino y que al final de la vida nos examinará del Amor.