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El uso del Agua bendita

El uso del Agua bendita

El Agua bendita protege a las personas, casas, cosas y nos permite salir triunfantes de la lucha contra las tentaciones y el sufrimiento físico y mental, que brotan del espíritu del mal.

Por lo tanto, no sólo la debemos usar para santiguarnos, sino que también se puede beber, rociar puntos dolorosos en el cuerpo y artículos de uso diario. Esto ayuda a neutralizar los signos manifestados por el espíritu del mal en el cuerpo, así como en los objetos.

Según la tradición, fue San Alejandro I en el siglo segundo, quien instituyó el uso del Agua bendita. Se trata de una práctica piadosa que, lamentablemente, las generaciones más jóvenes no están conociendo, y por tanto la están usando menos que la gente de mayor edad.

El rico simbolismo de esta antigua tradición evoca varias cosas.

En muchas apariciones marianas la Virgen hace aparecer una fuente, quizás la más célebre sea la de Lourdes, e indica que tiene un poder sanador.

Curiosamente, en esta práctica piadosa, utilizamos el agua, que es una sustancia transparente, insípida, muy necesaria para la vida. Compone el 1% del mundo y el 65% del cuerpo humano (75% en los niños). La vitalidad del agua ha llevado a las religiones a darle una importancia primordial y a tratarla como vehículo para bendiciones o incluso una bendición en sí misma.

El agua entre los judíos

Los judíos no bendecían el agua, considerándola, a diferencia de otros pueblos, una criatura bendita por sí misma, y le daban un uso religioso como elemento de purificación. Después de la cautividad, en Egipto, el agua se empleaba en Israel para un bautismo de conversión y purificación, semejante al de Juan el Bautista.

Los que se convertían, confesaban sus pecados, y mientras oraban, recibían del responsable del bautizo el agua purificadora.

Y el Señor promete: “derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará; de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar” (Ez 36:25).

Son las aguas en el diluvio universal las que dan muerte al pecado de la humanidad, y vida a los supervivientes, que “se salvaron por el agua”, como dice San Pedro. Ella es una figura del bautismo en Cristo.

 

Las aguas del Mar Rojo, a las que Moisés dedica un himno, dan muerte a los egipcios y vida a los israelitas, anticipando así también el bautismo cristiano.

El agua del Jordán, donde Jesús es bautizado, es el comienzo del bautismo cristiano.

Es el agua, como dice San Cirilo de Alejandría (+444), “el principio del Evangelio”, como antes fue “el principio del mundo”.

Las abluciones son una práctica que los cristianos tomamos de los judíos, porque previo a las adoraciones a Dios los judíos realizaban las abluciones rituales (lavados), que llevaban luego a la sesión de adoración formal.

Por eso al principio, a la entrada de los templos, había grandes fuentes de agua, que luego fueron derivando en las pequeñas pilas que vemos hoy a los lados de las puertas de los mismos. Tenía el significado de prepararse para entrar en la adoración, o sea que implica un cambio en nuestras emociones y nuestra mente.

El agua en el cristianismo

Los cristianos desde el principio veneran el agua, viendo en ese elemento el inicio de la primera creación y el comienzo de la creación nueva. Esta transformación del mundo por la gracia de Cristo es anunciada en Caná, donde el Nuevo Adán convierte el agua en vino.

Y en el orden de la gracia, sabemos que Dios elige el agua no sólo como medio de salvación en el Bautismo, sino también como materia imprescindible de la Eucaristía.

El agua bendita es, pues, uno de los muchos casos en que la Iglesia, cristianiza – asume, purifica y eleva – antiguos ritos paganos, que también usaban el agua y la sal.

Es el obispo el que bendice el agua o el aceite. Pero si él se encuentra ausente, que lo haga el presbítero, asistido por el diácono. Pero si el obispo se encuentra allí, que el presbítero y el diácono lo asistan.

Y que diga así: “Señor del universo, Dios que todo lo puedes, Creador de las aguas y dador del aceite, misericordioso y amigo de los hombres, tú, que das el agua que sirve como bebida y para las purificaciones y “el aceite que alegra el rostro” para nuestro gozo y alegría, tú mismo, ahora, por Cristo, santifica esta agua y este aceite, en nombre de aquel (o aquella) que los ha traído, y concédeles la fuerza de dar salud, de evitar las enfermedades, de alejar los demonios, de proteger la casa, de apartar de cualquier asechanza. Por Cristo, “nuestra esperanza”, por quien te sean dados gloria, honor y veneración, en el Espíritu Santo, por los siglos. Amén”.

¿De dónde vienen los efectos del agua bendita?

Respecto a los efectos del agua bendita estamos en deuda principalmente a nuestro divino Salvador. Él nos ha dado la gracia que obtenemos a través de su uso, por los dolores de Su Pasión y Muerte.

La Santa Iglesia, sin embargo, que es el custodio de estos preciosos tesoros infinitos y de la gracia de Nuestro Señor, tiene a la vista estos méritos que se adjuntan a estos efectos en el agua bendita. Por lo tanto, debemos los efectos del agua bendita sobre todo a Cristo, y en segundo lugar a la voluntad y las oraciones de la Iglesia.

En cuanto a los efectos, es de señalar que, por el agua bendita, la gracia santificante no es conferida. Pero se obtiene la gracia a través de la cual el intelecto es iluminado y la voluntad se mueve para evitar el mal y hacer el bien.

También se obtienen beneficios corporales mediante agua bendita. Pero si deseamos obtener grandes efectos con la utilización de agua bendita, tenemos estar bien preparados. Debemos ante todo estar en estado de gracia y tener fe firme en la sumisión a Cristo y a su Santa Iglesia.

Por ello sabemos que las gracias les serán concedidas a quienes tomen agua bendita en la disposición adecuada. Tampoco uno obtendrá, necesariamente, el bien o la gracia que pretende obtener a través de agua bendita, por muy bien que se pueda preparar.

Por ejemplo, el agua bendita se puede tomar para aliviar una enfermedad. Tomada con fe firme y una gran confianza, ¿va a ser curada la persona sin falta? No. Pero invariablemente podrá obtener alguna otra gracia trae el agua bendita infaliblemente el efecto deseado, a pesar de utilizarse con que sea igual de importante para ella, o más aún.

Pero ¿por qué no una disposición adecuada? El Catecismo enseña que los sacramentales, en consecuencia, el agua bendita, operan principalmente por medio de la intercesión de la Iglesia.