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El Pan de los pobres y San Antonio de Padua

La Leyenda más conocida es la de “El peso del niño”, y es la que me contó el Padre Julio cuando vino acompañando las reliquias del Santo a España. Según ésta, en el siglo XIII, en Padua, pocos años después de muerto San Antonio, un niño se cayó a un pozo. Cuando lo pudo rescatar su madre, el niño estaba ya muerto. Ella desesperada,  rogó a San Antonio de Padua que devolviera la vida a su hijo, prometiéndole para los pobres tanto peso en trigo como pesaba el niño. Se obró el milagro, el niño recuperó la vida y su madre cumplió inmediatamente la promesa hecha a San Antonio de Padua, repartiendo a los pobres tanto pan como era el peso de su hijo. Desde entonces, empezó a divulgarse el milagro por toda Italia con el nombre de “El peso del niño”.

Otra leyenda sobre El pan, nos cuenta que encontrándose San Antonio en su Convento y ante la petición de limosna de un nutrido grupo de pobres, él les repartió todo el pan que había en el convento sin pedir permiso al panadero. Cuando llegó el momento de distribuir el pan a los frailes, el panadero se dio cuenta y se lo comentó a San Antonio. Éste le dijo que regresara y verificara si era cierto que no había pan. El fraile panadero así lo hizo, y se quedó maravillado al observar que las cestas se hallaban llenas de pan. Nuevamente se hizo el milagro. En la iglesia del convento franciscano de Aracoeli en Roma encontramos una pintura de Pinturicchio (1454-1513) –seudónimo de Bernardino di Betto di Biagio– que representa a san Antonio con un libro en la mano derecha y encima un pan. Es muy posible que la inspiración le viniera de esta leyenda antoniana.

Por último, en el año 1888, en Toulon, ciudad de Francia situada en el departamento de Var, vivía una joven llamada Luisa Bouffier, mujer piadosa y devota de San Antonio de Padua. Luisa, regentaba un pequeño comercio. Un día no pudo abrir la puerta porque se le había perdido la llave. Llamó al cerrajero, y por muchos esfuerzos que hizo no pudo conseguir lo que pretendía. Entonces Luisa acudió a San Antonio, ofreciéndole una limosna para los pobres si lograba que se abriese la puerta; y apenas hubo acabado de hacer tal promesa se abrió la puerta sin esfuerzo alguno. En la trastienda colocó una imagen de San Antonio de Padua y allí comenzó a darle culto: Así mismo, colocó un cepillo para que los devotos de San Antonio dieran sus limosnas, y con ello atender a los pobres del pueblo. El milagro corrió de boca en boca y la gente del lugar y de los pueblos colindantes comenzó a acudir a aquella trastienda a orar ante la imagen y realizar sus peticiones. Esa práctica religiosa se fue extendiendo a otras ciudades y a otros países, y actualmente muchas iglesias de todo el mundo cuenta con cepillos con la imagen de San Antonio y la leyenda El Pan de Los Pobres. agro corrió de boca en boca y la gente del lugar y de los pueblos colindantes comenzó a acudir a aquella trastienda a orar ante la imagen y realizar sus peticiones. Esa práctica religiosa se fue extendiendo a otras ciudades y a otros países, y actualmente muchas iglesias de todo el mundo cuenta con cepillos con la imagen de San Antonio y la leyenda El Pan de Los Pobres.