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Con flores a María

Con flores a María

Recuerdo las canciones, los versos, las flores en aquella clase de cuando tenía siete años y me enseñaron a confiar en Nuestra Madre del Cielo, a la que podía pedir todo lo que me conviniera y pedírselo con la confianza que da sentirme hijo querido y con la humildad de quien sabe que no tiene más mérito que el amor a su Madre.

En el tiempo de mi infancia, era normal que tuviéramos catequesis en casa, en el colegio y en la parroquia y éramos felices sabiendo que éramos amados por nuestra familia humana y por Nuestra Familia Divina y cuando algo nos apenaba, se lo decíamos a la Virgen y confiábamos en su protección.

¿Cuándo, cómo, quiénes y por qué, desmontaron el sistema de enseñanza que permitía a los niños de siete años acceder a una Fe auténtica, a la Esperanza en el Cielo y al Amor que era la vía para llegar allí guiados por Cristo y protegidos por Su Madre?

Después llegaron tiempos oscuros en los que las Iglesias se cerraban, muchos sacerdotes y monjas ocultaban su condición religiosa, los colegios dejaban de enseñar religión o lo hacían en claves mundanas, sustituyendo Fe por sentimiento, Esperanza por ignorancia y Caridad por solidaridad.  Y en eso estamos, hasta el punto de que hoy día hay una mayoría de jóvenes que no saben lo que es rezar y no hay apenas vocaciones sacerdotales y religiosas y cada vez son más los que se inventan “espiritualidades” en vez de confiar en la Palabra de Nuestro Señor, cuando en su agonía dijo a Su Madre “ahí tienes a tu hijo”, poniéndonos a todos, representados por su discípulo Juan, bajo la protección nada menos que de la Madre del Hijo de Dios.

Mayo es, sin duda, un mes que nos sugiere presentar a la Virgen las flores de nuestras oraciones y pedirle que fortalezca la confianza de sentirnos protegidos por ella y que nuestra vida reciba la luz necesaria para que podamos discernir entre las cosas materiales y el mundo espiritual en el que estamos llamados a la vida eterna.