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San Antonio y la Penitencia

Escritor

Para terminar querría detenerme un poco sobre el tema de la penitencia y la conversión en la obra de san Antonio, porque el mensaje de Fátima es una llamada urgente a la conversión.

En efecto, en la primera aparición, el 13 de mayo de 1917, la Virgen santísima, pregunta a los pastorcitos: "¿Queréis ofreceros a Dios y soportar todos los sufrimientos que quiera enviaros, como acto de reparación por los pecados con que es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores?" En la tercera aparición, el 13 de julio del mismo año les dice: "Sacrificaos por los pecadores...". y, en la visión o tercera parte del secreto vio Lucía, "Un ángel indicando la tierra con la mano derecha que dijo con fuerte voz: ¡Penitencia, pernitencia, penitencia!".

San Antonio, elige libremente, como bien sabemos, la vida franciscana. La Orden fundada por san Francisco de Asís es una Orden de penitencia. Los primeros frailes, "dondequiera que entraban, fuera ciudad o castillo, una aldea o una casa, anunciaban la paz, exhortando a todos a temer y honrar al Creador del cielo y de la tierra y a observar sus mandamientos" (3C, 37), y cuando se les preguntaba quiénes eran y de dónde venían, respondían "con simplicidad que eran penitentes de la ciudad de Asís" (ib). En la Carta a los custodios (superiores) dice: "En cada predicación que hacéis, amonestad al pueblo para que haga penitencia" y él mismo pasaba predicando "la penitencia para la remisión de los pecados".

La llamada a la conversión, a hacer penitencia de los pecados, a volvernos hacia el Señor de la vida es el núcleo central de la predicación de Jesús: "Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea y anunciaba la Buena Nueva de Dios: El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva" (Mc 1, 14).

San Antonio se injerta en esta corriente de seguidores de Jesús, según el estilo de san Francisco, y recorre incansablemente la Italia septentrional y la Francia meridional, sobre todo, anunciando la penitencia. Si vamos al índice temático de sus Sermones encontramos que la penitencia, en conexión con el sacramento de la confesión es citada cuarenta veces; al penitente se refiere cincuenta y tres veces, a la confesión propiamente dicha, veintinueve veces y a la contrición, nueve veces.

En primer lugar emerge que la predicación de san Antonio es una predicación para llamar a la conversión y para ayudar en este proceso al pecador. Efectivamente, fue nuestro Santo quien dio inicio en la Iglesia a la práctica de las grandes predicaciones o misiones cuaresmales seguidas de la confesión. Cuando el Santo terminaba su predicación se encontraba ya un gran número de frailes dispuestos para oir las confesiones de los penitentes. Por lo tanto el fruto no se hacía esperar.

"La predicación, dice san Antonio, debe ser sólida, o sea comprobada con la abundancia de las buenas obras; debe presentar palabras verdaderas, no falsas, no ridículas, no frívolas o lisonjeras, sino palabras que muevan a la conmoción y al llanto". (II domingo después de Pascua).

Pero el predicado, según san Antonio,, predica la penitencia, llama a la conversión para que el penitente pueda experimentar la alegría de la misericordia de Dios. "¡Oh, profundidad de la divina clemencia, más allá del fondo de la humana inteligencia, porque su misericordia es incalculable (...) Su misericordia se encuentra por donde quiera, aun en el infierno, porque ni tan siquiera el condenado es castigado en la medida que exigiría su culpa". (XVI domingo d. Pent.).