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San Antonio resucita a un joven - Milagros en favor de las familias -

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Lo proyectó en 1572  D. Cattaneo (que aparece retratado a la derecha del conjunto) y fue ejecutado en 1577 por su discípulo G. Campagna.

Aquí podemos hablar de un doble milagro o hecho portentoso: una bilocación y la resurrección de un muerto. Este milagro lo recoge,  fray Bartolomé de Pisa, (+1401 dc), en su De conformitate vitae B. Francisci ad vitam Domini Iesu (4, 19-31), escrita hacia 1385, en la que incluye una vida de san Antonio. Dejemos que sea él mismo quien nos hable:

En la ciudad de Lisboa, de la que san Antonio era oriundo, mientras aún vivían sus parientes -es decir, su padre, su madre y sus hermanos- dos ciudadanos eran enemigos y se odiaban a muerte.

 Sucedió que el hijo de uno de éstos, un jovencito, hubo de encontrar  al enemigo de la familia, que vivía cerca de los padres de Antonio. Este despiadado agarró al muchacho, lo trajo a la casa y de inmediato lo mató. Luego, en las profundidades de la noche, entró en el jardín de los parientes del Santo, cavó una fosa, enterró su cuerpo y huyó.

Como el jovencito era hijo de una familia notable, se averiguó sobre su desaparición y se supo  que había pasado por el barrio donde vivía el enemigo.

Fueron registrados la casa y el jardín de este hombre, pero no se descubrió ninguna pista.

Echando un vistazo en el jardín de la familia del bienaventurado Antonio, encontraron al joven, enterrado allí.

Por ello, el verdugo del rey hizo arrestar, como asesinos del joven, al padre del Santo con todos los de la casa.

San Antonio, no obstante, estando en Padua, supo del hecho por inspiración divina.

Por la noche, pidiendo permiso al guardián, abandonó el convento. Y mientras caminaba en la oscuridad  fue, con prodigio divino, transportado a la ciudad de Lisboa.

 Al entrar a la ciudad por la mañana, se dirigió al verdugo y comenzó a suplicarle que absolviera a los inocentes de la acusación y los liberara. Pero no deseando  éste hacerlo  por ninguna razón, el bendito Antonio ordenó que trajeran al jovencito asesinado ante él.

Habiéndolo llevado a su presencia, el Santo le ordenó levantarse y decir si lo habían asesinado sus parientes (de san Antonio).

El joven se despertó de la muerte y afirmó  que los familiares del Santo eran absolutamente ajenos al delito. Como resultado, estos fueron absueltos y liberados de la cárcel.

El bendito Antonio pasó con ellos toda aquella jornada. Luego, en la noche, se fue de Lisboa y a la mañana siguiente se encontró en Padua.