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Necesidad y conveniencia

Escritor

Se ha especulado mucho sobre las causas del abandono de la práctica religiosa por tantos católicos, que afirman conservar su fe en Cristo, pero consideran un aburrimiento inútil la guía pastoral de la Iglesia.

Entre las causas posibles de la crisis religiosa destacan el consumismo materialista, que obsesiona con objetivos externos, que requieren cada vez más esfuerzo y más tiempo, reduciendo así la atención a la vida espiritual. Por otra parte, en los últimos tiempos, ha hecho estragos el relativismo, que desde la torpeza de unos y el anticristianismo de otros, difunde el error de que todo da igual, que "si hay Cielo, todos al Cielo" y lo aderezan con el sofisma de que si Dios nos quiere mucho no nos dejará perder. Ese relativismo es un engaño diabólico, pues contradice al mismo Cristo, que nos enseñó a rezar, prometió la Vida Eterna a quienes Le siguieran y ofreció su pasión para que aprendiéramos que Su amor es el camino.

En una sociedad tan utilitarista, considero que a la pregunta ¿para qué la práctica religiosa? podemos responder con dos criterios: Necesidad y Conveniencia.

En la novela fantástica de Michael Ende “La historia interminable”, el mundo material está desapareciendo invadido por la Nada, lo cual crea una atmósfera de angustia y desesperación en la que su protagonista debe buscar la solución. Recordando esa novela he imaginado que la muerte de quien no tiene Esperanza es tan terrible como la de quienes en esa novela veían llegar la Nada. Realmente necesitamos una solución, y ese criterio de Necesidad puede ayudar a comprender que la Vida Eterna es nuestro objetivo y que Cristo fundó la Iglesia para facilitarnos el camino.

Como colofón del criterio de Necesidad, podemos añadir el de Conveniencia, pues Jesús nos dijo: "Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá" (Mt 7:7) y "Os digo, además, que, si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en el cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. (Mt 18, 19-20) "Para quienes creemos en Cristo, es obvio que nos conviene pedir la paz y el pan nuestro de cada día, para cada uno de nosotros, para nuestras familias, amigos y para el mundo entero.