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La Virgen de Fátima y San Antonio de Padua

La fiesta de San Antonio de Padua, el 13 de Junio, coincide con la segunda aparición de la Virgen de Fátima a los tres pastorcitos Jacinta, Francisco y Lucía (a los 772 años de su muerte), en la que les pidió que rezasen el Rosario diariamente.

Creo que no es un accidente que la Virgen se apareciera a los niños en uno de los días que ha sido, durante siete siglos, la Fiesta de San Antonio de Padua. El cielo no hace nada al azar, entonces ¿qué tiene que ver San Antonio con Fátima?

En primer lugar, San Antonio profesó, desde niño, gran devoción a la Virgen. Se puede observar en una litografía del siglo XVII, que representa a su madre dirigiéndose hacia la Catedral para consagrarlo a la Reina del Cielo. Desde su más tierna infancia, San Antonio fue devoto de la Santísima Virgen, y Ella varias veces lo socorrió. Un día, por ejemplo, en que el demonio no podía soportar más el bien que el Santo hacía, lo cogió del cuello tan violentamente, que casi lo ahorca. San Antonio, a duras penas, pudo balbucear las palabras de la antífona a Nuestra Señora. “O Gloriosa Domina”. En ese instante, el demonio huyó despavorido. Una vez recuperado, San Antonio vio a su lado a la Reina del Cielo resplandeciente de gloria.

En segundo lugar, no olvidemos que San Antonio era un poderoso aliado de San Francisco. Un hombre que San Francisco consideraba su "Obispo", y que, por obediencia, recorrió pueblos y ciudades predicando.

En tercer lugar, el Señor ha demostrado lo muy complacido que estaba con este gran Santo y su predicación sobre la Presencia de Cristo. San Antonio fue canonizado sin que hubiera transcurrido un año de su muerte por el Papa Gregorio IX, y declarado Doctor de la Iglesia por el Papa Pío XII.

Por todo ello, encomendémonos a nuestro Santo más universal, San Antonio de Padua, y a la Virgen de Fátima en este año tan especial en el que se cumplen 100 años de las Apariciones de la Virgen de Fátima.

Los devotos de San Antonio podemos rezar con sus mismas palabras: "Señora nuestra, única esperanza. Te suplicamos que ilumines con el esplendor de tu gracia nuestras almas, que las purifiques con el candor de tu pureza, que las enciendas con el calor de tu visita y nos reconcilies con tu hijo para que merezcamos llegar al esplendor de su gloria. Amén".