Usted está aquí

El Sínodo de los Jóvenes

Escritor

Los jóvenes occidentales han sufrido desde el final de la segunda guerra mundial un bombardeo mediático que les ha impuesto una “cultura juvenil” caracterizada por la rebeldía frente a todo y lo que empezó como un desenfadado desprecio de algunas normas y costumbres sociales obsoletas, rechazadas por su excesiva rigidez, pasó luego a subvertir principios morales tan importantes como los relativos al amor, hasta el punto de cambiar dramáticamente el orden de valores y predicar que la propia satisfacción sexual es el objetivo a alcanzar a cualquier precio.

La situación actual ha sobrepasado todas las normas y también el sentido común, sustituyendo los derechos a la vida, a la verdad y a la libertad por falsos derechos al aborto, a la educación aberrante y a la persecución de quien afirme la realidad científica de la diferencia biológica entre el sexo masculino y el femenino, que está en todas las células y por tanto no se puede cambiar.

Obviamente, los jóvenes son víctimas de la propaganda de unos medios corruptos y de la mala educación impuesta por gobiernos que se pliegan al dictado de unos grupos internacionales, cada vez más sospechosos de buscar la alienación juvenil, como plataforma de dominio del mundo.

Hay que transmitir a los jóvenes que deben enfrentarse a la realidad, que ellos son la esperanza de la humanidad, que les están engañando quienes ignoran que todos somos hijos de Dios, que para enseñarnos el camino hacia la Vida Eterna se hizo hombre y predicó el amor con Su Palabra, Pasión, Muerte y Resurrección y que la gran verdad que algunos pretenden ocultar es que el amor es la única fuente de alegría auténtica y de felicidad plena en esta vida y en la otra.

En mi opinión el Sínodo debería conseguir que los jóvenes se pregunten si creen en el amor y si saben que Cristo vino a enseñarnos que el amor es el camino. La respuesta positiva y sincera a esas preguntas significaría un gran paso.