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El Nuevo Orden Mundial

Escritor

Ni es Nuevo, ni es Orden, ni es Mundial y desde luego no es positivo para la Humanidad, sino para servir a un núcleo de poderosos que al parecer tratan de dominar el mundo.

Mucha gente de buena voluntad está siendo engañada con la vana ilusión de que el Globalismo ideológico es la continuación natural del Globalismo económico. Nada más lejos de la realidad y razonar esto es el objetivo de este breve artículo.

El Globalismo económico es bueno cuando sirve para liberalizar los mercados y que los países pobres, con menores rentas per cápita, puedan comercializar sus productos en todo el mundo, es decir, es bueno cuando defiende y fomenta el derecho natural a la libertad. Por el contrario, el Globalismo ideológico es perverso cuando trata de imponer unos criterios o unas mal llamadas "ideologías", que chocan contra los principios, valores, libertades fundamentales e identidades culturales y nacionales de los pueblos a los que tratan de dominar, con pseudoculturas alienantes, como la cultura de la muerte (aborto y eutanasia), la cultura de la diversidad familiar (promoción de la reducción de la natalidad y del "matrimonio homosexual"), la cultura del género (negación de la realidad biológica de las diferencias genéticas), la cultura transnacional (destrucción de las identidades nacionales mediante las migraciones masivas con el pretexto de acoger refugiados que estarían mejor en los riquísimos países que, comparten la cultura islámica).

Para comprender la finalidad de ese Globalismo ideológico, cuyas características más aberrantes hemos esbozado en el párrafo anterior, podemos recuperar la memoria de las persecuciones religiosas. Todas las revoluciones que han tratado de dominar a las naciones, han chocado contra la Iglesia porque para manipular al pueblo hay que silenciar la voz que defiende los principios y los valores de una sociedad y la misma dignidad de los hombres cuando saben que son hijos de Dios. Esa puede ser y en mi opinión es la causa de que dirigentes tan poderosos como los que dominan la ONU estén impulsando una revolución ideológica que puede destruir las naciones y convertir a los hombres en esclavos que se vendan por un poco de vicio, por la falsa riqueza de quien niega la fe, la familia, la libertad positiva y el amor al prójimo.