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Con agradecimiento a Jesucristo, nuestro Redentor

Escritor

y llevar a cabo, con su Pasión, Muerte y Resurrección, la redención del género humano, que nos alcanza personalmente, abriéndonos las puertas del Cielo, para gozar de su presencia, toda la eternidad.

Es un tiempo que todos aprovechamos, para hacer examen de conciencia sobre nuestro comportamiento con Dios, nuestros prójimos, etc. No lo desperdiciemos. La asistencia al rezo del Vía Crucis es un buen momento, para ello.

La Iglesia nos indica que debemos confesarnos “al menos una vez al año, por Pascua florida”.

Festividad de San José

Es frecuente escuchar que San José, uno de los santos más reconocidos por la Iglesia, es, en cambio, unos de los santos menos conocido por los fieles; sabemos que existe, faltaría más, pero hemos leído poco de él.

Muy interesante y reconfortante meditar los gozos de San José: la alegría y la felicidad que tuvo al compartir su vida junto a su esposa, la Santísima Virgen María y el Niño Jesús. El gozo de saberse en las manos de un Dios, que le había escogido para tan gran tarea.

Pero no podemos olvidar sus dolores, en los momentos en que tuvo que enfrentarse con la misión que Dios le encomendaba, la dificultad de encontrar el lugar adecuado para el nacimiento del Niño Dios y la necesidad de esconderlo, huyendo a Egipto, cuando el Rey Herodes lo buscaba para asesinarlo.

La Semana Santa

Aprovechemos los días de Semana Santa, para llevar a cabo esa catequesis sencilla, pero impactante, que se produce durante las procesiones, que tanto nos impresionan a chicos y mayores.

Procuremos asistir a los oficios de Jueves Santo y Viernes Santo y, si las circunstancias nos lo permitieran, a la Vigilia Pascual del Sábado Santo, por la noche, que, a mí, me resulta muy emotiva.