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Asunción de la Virgen

Escritor

En este sermón, san Antonio aplica a la Virgen santísima los adjetivos del Eclesiástico 50, 9-10: “Como vaso de oro macizo, adornado con toda clase de piedras preciosas, como olivo cargado de frutos que e eleva hasta las nubes”  y, citando al profeta Jeremías (17, 12-13) y el Salmo 85, 10, dice: "Sede de la gloria es la Virgen santísima que en todo  fue sólida e íntegra: en ella estuvo la gloria del Padre, es decir, el Hijo sabio, más bien, la misma Sabiduría, Jesucristo, cuando asumió la carne. (...) La Virgen María fue la sede de la gloria, o sea de Jesucristo que es la gloria de las alturas, es decir, de los ángeles. En efecto dice el Eclesiástico (43, 1): 'Orgullo de las alturas es el firmamento límpido, espectáculo celeste en una visión espléndida'. Jesucristo es el firmamento (en el sentido de sostén) de las alturas, o bien, de la sublimidad angélica, que Él mismo ha confirmado, mientras el ángel apóstata precipitava con sus seguidores".

  La gloria consiste en la visión de Dios. "(Los santos) mientras contemplan cara a cara la  gloria del Padre, resplandecen ellos también con la misma gloria. Pues he aquí cuán grande será la dignidad de la Virgen gloriosa, que mereció ser Madre de aquel que es el firmamento y la belleza de los ángeles y el resplandor de todos los santos".

  "El lugar de los pies del Señor fue la Virgen María, de quien Él recibió la humanidad: y hoy ha glorificado este lugar porque ha enaltecido a María por encima de los coros de los ángeles. Por ello te queda claro que la Virgen María fue llevada al cielo también con el cuerpo que fue el lugar de (donde puso) los pies del Señor. (...) "Leemos en el salmo (132, 8) 'Levántate, Señor, ven al lugar de tu reposo, ven con el arca de tu poder'. El Señor se levantó cuando subió a la derecha del Padre. Se levantó también el arca de su santificación cuando en este día la Virgen Madre fue llevada a la gloria celestial. (...) El arca del verdadero Noé (Jesucristo), que nos ha hecho reposar de nuestras fatigas, en la tierra maldita por el Señor  (cf Gn 6, 9-12) se detuvo hoy sobre los montes de Armenia, es decir, por encima de los coros de los ángeles".

  Regresando a la frase del Eclesiástico, 'Como vaso de oro macizo, adornado con toda clase de piedras preciosas, como olivo cargado de frutos, como ciprés que se eleva hasta las nubes', veamos como nuestro Santo explica la santidad y la gloria de María: "La Virgen santísima fue un vaso por la humildad, de oro por la pobreza, macizo por la virginidad, adornado con toda clase de piedras preciosas, por los privilegios y dones recibidos. (...) Y porque la humildad y la pobreza de la Virgen santísima fueron adornadas con la pureza, se añade: Vaso de oro macizo. La santísima Virgen fue maciza por la virginidad y por ello pudo contener a la Sabiduría. (...) Este vaso ha sido decorado hoy con toda clase de piedras preciosas, es decir con toda clase de privilegios de dones celestiales. La que concibió al Creador y Redentor de todos, reunió en sí los méritos de todos los santos".

  "La Virgen bienaventurada, como un ciprés, se eleva hoy más alto que los ángeles".

  "Te rogamos, oh Señora nuestra, ínclita Madre de Dios, exaltada por encima de los coros de los ángeles, que llenes el vaso de nuestro corazón con la gracia celestial; que nos hagas resplandecer con el oro de la sabiduría; que nos sostengas con la potencia de tu intercesión; que nos adornes con las piedras preciosas de tus virtudes; que infundas en nosotros, oh oliva bendita, el aceite de tu misericordia para que cubra la multitud de nuestros pecados, para así, ser encontrados dignos ser elevados a las alturas de la gloria celestial y vivir felices eternamente con los bienaventurados.

            Nos lo conceda Jesucristo, tu Hijo, que hoy te ha enaltecido por encima de los coros angélicos, te ha coronado con la corona del reino y ti ha puesto de eterno esplendor. A Él el honor y la gloria por los siglos eternos. Y toda la Iglesia responda: ¡Amén. Aleluya!