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13 de Mayo – Primera Aparición de la Virgen

A la misma hora, en Roma, en la Capilla Sixtina, era consagrado obispo Mons. Eugenio Pacelli, que más adelante sería Pío XII. De esta coincidencia de fechas, Pío XII guardó un profundo recuerdo.[1]

Los tres primos vivían en Aljustrel, un lugarejo de la feligresía de Fátima; y, cuando se les apareció la Virgen María, estaban en Cova de Iria, cuidando las ovejas de los rebaños familiares, en un prado propiedad de sus padres.

Era “una Señora vestida toda de blanco, más brillante que el sol, esparciendo luz más clara e intensa que un copo de cristal lleno de agua cristalina, atravesado por los rayos del sol más ardiente”; así describe Lucía lo que vio. Su cara, indescriptiblemente bella, no era “ni triste, ni alegre, pero seria”, con aire de suave censura.[2]

Debemos tener en cuenta que Francisco apenas veía a Nuestra Señora, y no La oía. Jacinta veía y oía. Lucía veía, oía y hablaba con la Santísima Virgen. Lucía tenía 10 años, Francisco 9 años y Jacinta 6 años.

Coloquio de la Virgen con Lucía

Nuestra Señora: “No tengáis miedo, yo no hago daño”.

Lucía: “De dónde es Vuestra merced”.

Nuestra Señora: “Soy del Cielo” (Nuestra Señora extendió la mano, para apuntar al Cielo.

Lucía: “Y que es lo que Vuestra merced quiere de mí”.

Nuestra Señora: “Vine para pediros que vengáis aquí seis meses seguidos, el día 13, a esta misma hora. Después o diré quién soy y lo que quiero. Después volveré aquí una séptima vez”.

Lucía: “¿Y yo también voy para el Cielo?”

Nuestra Señora: “Sí vas”.

Lucía: “¿Y Jacinta?”

Nuestra Señora: “También”.

Lucía: “¿Y Francisco?”

Nuestra Señora: “También, pero tiene que rezar muchos rosarios”[3]

Lucía: “María de las Nieves ¿está ya en el Cielo? Estas apariciones orientaron sus Nuestra Señora: “Si está”.

Lucía: “¿Y la Amelia?”

Nuestra Señora: “Estará en el Purgatorio hasta el fin del mundo.”

Nuestra Señora les pide oración y sacrificios

En esta primera aparición, preguntó la Virgen María a los niños: “¿Queréis ofrecer a Dios sacrificios y aceptar todos los sufrimientos que Él os envíe en reparación de los tan numerosos pecados que ofenden a su Divina Majestad? ¿Queréis sufrir para la conversión de los pecadores, para reparar las blasfemias, así como también todas las ofensas hechas al Inmaculado Corazón de María?”.[4]

“Sí queremos”, responde Lucía con entusiasmo, en nombre de los tres. Nuestra Señora les dijo; “Vais, pues, a sufrir mucho, pero la gracia de Dios os confortará y os sostendrá siempre.”

“Fue al pronunciar estas últimas palabras, que abrió por primera vez las manos comunicándonos una luz tan intensa, como el rayo que de ellas expedía, que penetrándonos en el pecho y en lo más íntimo del alma, nos hacía vernos a nosotros mismos en Dios, que era esa luz más clara de la que vemos en los espejos. Entonces, por un impulso íntimo también comunicado, caímos de rodillas y repetimos íntimamente: Oh Santísima Trinidad, yo Os adoro. Mi Dios, mi Dios, yo Os amo en el Santísimo Sacramento”.[5]

“Pasados los primeros momentos, Nuestra Señora añadió: Recen el tercio4 (del Rosario) todos los días para alcanzar la paz para el mundo y el fin de la guerra.”6

Después de la aparición

El diálogo entre la Virgen María y Lucía duró aproximadamente diez minutos, algo menos del tiempo que se tarda en rezar los cinco misterios de rosario. Después de esta primera aparición, recogen el rebaño y regresan a casa.

Aunque los niños se han comprometido a guardar silencio sobre lo acontecido, Jacinta es la primera en romper el secreto en su casa.

La noticia se difundió por la aldea y de todos es conocido, lo que ello iba a suponer de sufrimiento para los niños y sus familias, que empezaron a verse acosados a preguntas por las autoridades eclesiásticas y civiles.

 

[1] Op. Cit. 1

[2] Fátima. Conforme a los escritos de la hermana Lucía – Antonio Augusto Borelli

[3] Rosarios

[4] Op. Cit. 1

[5] De los escritos de Sor Lucía, en Op. Cit. 3